28 sept. 2015

El Pueblo ha hablado

Un día los sabios de la Corte se reunieron con Su Majestad para tomar decisiones. Debatían asuntos importantes y esgrimían poderosos argumentos. El Sacerdote era el que más animado estaba, se acercaba con sigilo a Su Majestad y le decía:

- Pero, oh Su Majestad, no olvidé al Pueblo... el Pueblo quiere...

 Y entonces pequeño Aprendiz alzó su voz:


- El Pueblo quiere?? Como puede usted saber lo que el Pueblo quiere?

 Los miembros del Senado se revolvieron incómodos en sus asientos, y un murm
ullo se hizo eco en la sala.

23 sept. 2015

Macarrones con espárragos trigueros

Aquí os dejo una recetilla sencilla, sana y aparente que improvisamos el otro día en casa.

Si hay algo que nos encanta a mi marido y a mí, es la pasta. Eso sí, no nos gustan los grandes aderezos... la mayoría de veces solemos disfrutarla con un chorrito de aceite de oliva y algo de queso rallado.

En esta ocasión eché mano de otro ingrediente que me pirra y lo combiné todo, en un plato saludable y sabroso.

20 sept. 2015

Organizando desayunos y meriendas para el cole

Este año he tomado la decisión de ser más organizada con los pequeños temas de los niños, para que mi vida resulte algo más fácil.

Mis hijos toman un pequeño desayuno en casa, y luego llevan un segundo mini desayuno para tomar en el colegio, antes de salir del recreo. A parte de esto, cada día, les llevo la merienda a la puerta del colegio, para dársela en cuanto salen (pues tienen más hambre que un lobo!).

El año pasado improvisaba diariamente lo que les ponía en cada caso, y fue un poco desastre la verdad. Había días que me costaba recordar lo que les había puesto el día anterior. Por otro lado, por las mañanas viene una chica a casa, que es la que se encarga de levantarlos, vestirlos, darles el desayuno y llevarlos al cole. Y podía pasar que ella les pusiera de desayuno lo mismo que yo había cogido para llevarles de merienda.... y claro,  tenía que escuchar a mi hijo diciéndome: esto ya me lo ha dado María por la mañana. O eso, o me tocaba correr a un super para hacerme con una merienda distinta, cosa que cuando vas con los minutos contados, estresa un pelín.

Así que este año decidí evitar esa situación y organizar esas tres pequeñas comidas con antelación. De este modo, María y yo no nos solapamos, y puedo planificar bien la compra para que tomen algo distinto cada día. Por otro lado, evitamos las divagaciones matutinas de los peques que tanto retrasaban su desayuno. Cuando se levantan María ya les tiene preparado lo que toca, y no hay discusión posible: se sientan y se lo toman. Ya no se da la eterna conversación: que queréis desayunar?, no eso no, eso ya lo tomasteis ayer, venga decidme que queréis tomar que llegaremos tarde... Eso, lo dejamos sólo para el fin de semana, cuando el reloj no apremia.

Mi planificación la he hecho siguiendo mi lógica, adaptándome a los gustos de mis peques de 2 y 5 años. Puede que no sea la más equilibrada desde el punto de vista nutritivo... pero de momento cumple su función de facilitar mi vida y la de María! Las meriendas deben ser de fácil conservación, pues salen conmigo de casa a las 7 de la mañana y por lo tanto las he de preparar el día de antes.

LUNES: en casa, para facilitar las cosas por ser de por sí un día difícil, desayunan un wiki con un vaso de leche. Así sé que se lo tomaran a buen ritmo y empezaran la semana de buen humor. Para el cole unas galletas tipo María, sin chocolates ni mandangas, fáciles de tomar y no muy pringantes. Acompañadas de un zumo de esos que llevan leche. De merienda les llevo minibocadillos, de pavo o de queso (que es lo que más le gusta a mis peques) con zumo de frutas.

MARTES: en casa piquitos con queso y pavo, y zumo de frutas. En el cole fruta pelada y troceada (esto lo hace María por la mañana para que no se ponga muy "chuchurrída"). Y de merienda barrita de cereales con batido de chocolate.

MIÉRCOLES: en casa tazón de leche con cereales. En el cole un minibocata con un zumito. Para la merienda plátano (la fruta que mejor puedo llevar y se pueden comer más fácil mientras caminan).

JUEVES: en casa piquitos con queso y pavo con zumo de frutas. En el cole fruta troceada y pelada. Para merendar lo que la abuela lleve, ya que ese día lo recoge ella y por lo tanto, yo me despreocupo del tema. Conociéndola les llevará algún bizcocho casero, o alguna galleta que lleve los dibujos animados de moda que le hayan dicho que les gustan.

VIERNES: en casa unas galletas con vaso de leche. Para el cole unos picos con pavo, queso o fuet con zumo de frutas. Luego ya para la merienda wikis con batido de chocolate (que es viernes y conviene desmelenarse).

El fin de semana es libre. Ahí si que tenemos tiempo para que tarden sus buenos quince minutos decidiendo que les apetece.

En función del resultado que vayan dando desayunos y meriendas los iré modificando. Por ejemplo, en casa según el plan inicial tenían que desayunar queso y pavo con tostadas... pero visto el éxito, cambié las tostadas por piquitos y el resultado mejoró exponencialmente. La peque no lleva ninguna bebida al cole, porque en P3 no les dejan llevarlas (por lo visto se dedican a regar las mesas con zumos y batidos). Así que las bebidas sólo las llevan los desayunos del "grandullón".

Las mañanas discurren mucho mejor con este sistema. Mis "menús" son sólo un ejemplo, adaptaros a los gustos de vuestros peques y las normas de cada centro escolar. Eso sí, planificar con antelación estas tres pequeñas comidas diarias me ha ayudado mucho y ha cambiado las mañanas de mis peques.

Y vosotr@s, planificáis estas comidas o improvisáis cada día?

18 sept. 2015

Vuelta al cole. Vuelta a la rutina.

El lunes empezó el nuevo curso escolar, la vuelta al cole y por lo tanto la vuelta a la rutina de muchos hogares.

Este año, el proceso fue algo distinto para nosotros. Erik empezaba en P5, con nueva profesora, pero con compañeros de clase conocidos. Para Helia el tema era muy diferente: se estrenaba en P3 y por lo tanto, tenía que hacer frente a un nuevo colegio, nuevas profesoras y nuevos compañeros de clase.

Con lo sentida que es, el proceso no parecía que fuera a ser sencillo. Pero una vez más, nuestra peque nos ha sorprendido y ha asimilado las novedades con entereza.

Al empezar en P3 nos tocaba hacer con ella un breve período de adaptación escolar de 3 días. En nuestra zona, todos los colegios públicos lo hacen así. Ello implicó que debí reservarme 3 días de vacaciones para poder estar a su lado.

Mientras que Erik el primer día ya pudo entrar a las 9 de la mañana para salir a las 16.30, Helia hizo un ingreso más paulatino en su nueva realidad escolar.

Nada más levantarnos el lunes, la peque apuntó maneras. Mientras desayunaba, empezó a hacer pucheros y a lloriquear diciendo que no quería ir al cole. Yo le recordé que estaríamos poco rato y que yo estaría con ella... y se quedó conforme.

Erik parecía ilusionado, pero al llegar a la puerta del colegio se incrustó en mi pantorilla como un lapa, y su hermana, viendo su actitud hizo lo mismo. Así que mientras otros niños corrían y se saludaban sonrientes, yo tenia dos lapas incrustadas en mis laterales....

Hablé con el peque y le animé lo más que pude, y tambaleándonos entramos y nos dirigimos hacía su clase. Entró algo titubeante y pucheroso, pero enseguida un amiguito vino a su encuentro y cuando me alejé le vi más sereno.

Salí con la peque a la puerta del colegio, para esperar a las 9.15, hora en la que los novatos de P3 harían su "entrada tranquila". Por ser el primer día era bastante light, estaríamos de 9.15 a 10:30 padres e hijos juntos en el aula.

Helia estuvo bastante seria y no se separó un palmo de mi en todo el rato. Por más que intenté que se relacionase con otros peques no hubo manera. El colegio lo había organizado muy bien, y estábamos sólo la mitad de la clase (la otra mitad irían de 11.15 a 12:30). Nos pidieron que lleváramos una caja de zapatos y en las mesas había material para que junto con nuestros hijos pudiéramos decorarla. Así, haciendo esta actividad, la profesora tuvo tiempo de hablar con todos nosotros y de observar a nuestros pequeños.

La salida del cole no fue tan "tranquila". Helia lloraba porque no quería irse sin su hermano... que obviamente estaba en clase feliz como una perdiz.

Al día siguiente la tensión ya se palpaba algo más en el ambiente. Erik entró aún más pucheroso que el día anterior... y yo me di a la fuga con la peque para no ver sus lagrimillas.

Ese día Helia tenía que quedarse también de 9.15 a 10:30, pero sin mi. Eso no le hizo ninguna gracia. No hacía más que decirme: pero tu entras conmigo? Y yo le decía: hasta la puerta sí, luego te doy un beso y me voy. Y ella respondía: vale, pero entonces entras un poquito...

Entró muy seria y se quedó como un estaca junto a la puerta. No lloraba... pero no se movía y tenía la vista clavada en el suelo. Vi como la profesora le decía que se quitara la mochila, y ella negaba con la cabeza, y también se negaba a sentarse... Pero al menos no lloraba!

Con esa imagen me fui a dar una vuelta. Cuando volví la encontré muy contenta. La profesora me dijo que era una niña alegre y divertida... pero que tanto estaba riendo, como de repente se ponía a llorar desconsoladamente, para luego volver a reír. Yo la miré y le dije: sí, esa es mi hija. La profesora se rio y me dijo: de humor cambiante???

El tercer día la cosa fue algo mejor. Erik ya estaba contento y parecía más tranquilo. Helia, estaba pucherosa, pero se tranquilizó cuando le dije que a la hora del patio vería a su hermano y podrían jugar juntos. Ese día ya le tocaba ir toda la mañana, de 9 a 12.

Erik se quedó contento. Helia....no. Al despedirnos de su hermano en la puerta de P5 se puso a llorar, porque quería quedarse con él. No dejaba de llorar repitiendo que quería a Erik en su cole. Los conceptos clase y cole no estaban claros en su mente. La dejé en la clase tan seria como el día anterior, pero tranquila y aguantando el tipo.

Cuando la recogí la profesora me dijo que había llorado a la hora del patio, cuando P5 había acabado el recreo y su hermano se había ido a clase, porque no quería separarse de él. El pobre Erik había ejercido de hermano mayor, pasando junto a ella su rato de recreo y le había explicado que debía volver a clase porque tenía tareas que hacer.

El jueves venía la parte dura. Helia pasaba de haber pasado como mucho tres horitas en el cole, a quedarse de 9 a 16:30, teniendo que comer allí y hacer la siesta allí. Mi vida laboral me llamaba y no había más remedio que estrenarse con su nueva realidad.

Para nuestra sorpresa se quedó contenta por la mañana y salió feliz por la tarde, comió estupendamente a medio día e hizo una buena siesta.

La capacidad de adaptación de nuestros peques es sorprendente. La primera semana de colegio ha pasado rápidamente, Erik sólo ha hecho pucheros dos días al entrar, y Helia... en fin...alguna lágrima ha sido derramada pero el balance ha sido mayormente positivo.

Los dos tienen ganas de volver el lunes y están ilusionados. Que más se puede pedir??? Ciertamente.... que el lunes por la mañana no cambien de opinión!!!!

12 sept. 2015

La adaptación escolar

Este lunes, por fin, muchos niños iniciarán el curso escolar. Algunos, volverán a la consabida rutina, pero para otros será su primer contacto con una institución educativa, sea guardería, centro de apoyo familiar o colegio.

Con motivo de facilitar a padres y a niños la superación feliz del período de adaptación escolar, desde el Centro de apoyo familiar  Gat Cugat me hicieron un encargo: escribir un texto para poderlo dar a las familias que este año habían apuntado a sus hijos y se encontraban en esa situación.

Comparto con vosotros el texto en cuestión, para que pueda servir de punto de apoyo a los que estéis empezando por primera vez curso escolar. No dudéis en publicar en comentarios cualquier duda que os surja al respecto, o en compartir vuestra experiencia personal sobre este tema.


La Adaptación Escolar


 Se conoce con el nombre de adaptación escolar al período de tiempo que un niñ@ necesita para aceptar y adaptarse a todas las modificaciones que se producen los primeros días de guardería o colegio. Este período de adaptación es variable para cada niñ@, pudiendo durar días, semanas y en algún caso esporádico incluso meses.

Cuando un niño comienza a ir a la guardería o centro de apoyo familiar, surgen muchas dudas y miedos en los padres. Es un momento complicado, ya que en muchas ocasiones será la primera vez que nos separemos de nuestros hijos y por lo tanto la primera vez que ellos se separen de nosotros.

 Los dejaremos en un lugar que desconocen, con personas adultas y otros niños a los que tampoco conocen. Esto les pude provocar inseguridad e incertidumbre (tanto a los pequeños como a los propios padres). Además, tendrán que enfrentarse a un horario, pautas, actividades nuevas, compartir....

Hemos de tener en cuenta que los niños no tienen las mismas estrategias y recursos emocionales que los adultos, y que tampoco cuentan con un concepto de “tiempo” definido. Los más pequeños no entienden todavía que cuando alguien no está presente continúa existiendo, por eso a menudo lloran de manera desconsolada cuando la madre cambia de habitación (pues para ellos, deja de existir). Por lo tanto no servirá de consuelo que les digamos que vamos a volver después... puesto que aún no son capaces de entendernos. Sólo la rutina y el hábito harán que vayan interiorizando estos conceptos.

En función de la edad del niño entrará dentro de lo normal que al inicio de la etapa escolar: llore en el momento de entrar en el centro, se muestre intranquilo o nervioso ya al levantarse, ignore a los padres cuando le vengan a buscar, coma menos de lo habitual o incluso deje de comer, padezca de dolor de barriga, o duerma peor que de costumbre.

Como podemos ayudar a nuestros hijos?

Hay diversas conductas que los padres pueden adoptar, para tratar de hacer más fácil y llevadero este período a los niños:

1.- Lo primero es confiar en el centro al que vamos a llevar a nuestro hijo. Si hemos decidido llevarle allí es porque creemos que es lo mejor. Conviene evitar miedos o sentimientos de culpa...ya que estos serán transmitidos y captados por nuestros pequeños.

 2.- En caso de que el pequeño esté muy unido a unos de los padres o haya uno de ellos que esté muy angustiado por el inicio de esta etapa, sería conveniente que los primeros días le llevase al centro el otro miembro de la pareja.

3.- Conviene no hacer coincidir este cambio con otros. A los niños, como ya hemos comentado, les cuesta enfrentarse a los cambios, por ello, es preferible que los afronten de uno en uno. No sería conveniente que el pequeño iniciase la etapa escolar coincidiendo con el nacimiento de un hermano. Es preferible llevarle algunos meses antes o algunos meses después de dicho acontecimiento.

4.- Siempre es bueno explicarle al niño lo que va a pasar. Aunque no comprenda todo lo que le decimos, captará la esencia y sobretodo le transmitiremos normalidad. Sería conveniente explicarle por lo tanto donde le vamos a llevar, con que maestra va a estar, que hará, advertirle que habrá otros compañeros en clase... Así se irá familiarizando poco a poco con todo.

5.- Es importante no utilizar la escuela para “amenazar” al niño: si no te portas bien te llevaré a la escuela, o ya verás como la señorita te va a hacer comer de verdad. Eso hará que tenga un concepto negativo de lo que es ir a escuela. El niño ha de ir contento y sentirse cómodo y a gusto con el personal del centro. No va allí como un castigo, va allí porque es lo mejor para él.

6.- Los primeros días se puede llevar algún juguete o mantita que sea de su agrado y al que esté unido. Así le servirá para tener un trozo de casa en la escuela y sentirse más seguro allí.

7.- Conviene no alargar ni eternizar las despedidas. Lo mejor para el niño es que la entrada en el centro sea rápida y afectuosa. Hemos de actuar con decisión para transmitir seguridad y confianza al niño: dar los buenos días a la profesora, dar un beso al pequeño y partir sería lo más adecuado.

Si el niño ve que titubeamos, tardamos en dejarle, lo abrazamos en exceso, como si no quisiéramos dejarlo allí, sólo conseguiremos que desconfíe y llore. Imaginaos que vuestra pareja os ofrece algo de comer y mientras os dice que está muy bueno no puede evitar poner cara de desagrado....desconfiaríais de su palabra, verdad? Pues con los niños sucede lo mismo: si mamá me dice que todo va a ir bien, pero me abraza como si fuera la última vez, con cara de preocupación y ojos llorosos.... yo sólo querré salir corriendo de allí!!!

8.- A la hora de ir a buscar a nuestros pequeños, conviene mostrar interés por lo que han hecho en la escuela y mostrarse contentos por sus avances. No conviene hacer reencuentros excesivamente afectuosos que puedan dar al niño la sensación de que hemos llegado para rescatarle de allí.

 9.- Por último, conviene no olvidar que las rutinas siempre serán nuestras aliadas. Es importante ser puntuales y respetar los horarios, así los pequeños sabrán siempre cuando van a llegar a clase, que actividades van a hacer y cuando vamos a ir a por ellos. Poco a poco irán estableciendo relaciones y sabrán que siempre llegamos después de la comida, o después de la siesta y la merienda.

En caso de que pensemos que a nuestro hij@ le está costando más de lo habitual adaptarse o que tengamos cualquier duda referente a este proceso, es conveniente que lo hablemos con las educadoras del centro. Ellas sabrán orientarnos y asesorarnos al respecto.

En breve este período pasará y los niñ@s estarán disfrutando de una nueva etapa en su vida. Y habrán adquirido herramientas y estrategias para superar nuevas experiencias que les servirán de por vida.

7 sept. 2015

Superando una comida de celebración familiar

Este fin de semana fue mi cumpleaños, y como buena cumpleañera invité a comer a casa a mi familia más próxima (padres, hermano, cuñada y sobrinos). En total, 10 comensales, 6 adultos y 4 niños.

Las últimas celebraciones familiares en mi casa, me habían superado por completo. Con los dos peques, y especialmente con mi retoña "absorbente" había recurrido a hacer de todo menos cocinar algo "decente": servir pollos a l'ast, macarrones, poner diversidad de chuminadas para picar y pasar directos al postre...

Pero esta vez me apetecía currarme una comida. Por primera vez en mucho tiempo, me sentía preparada para ello, animada y con ganas. Así que busqué recetillas por internet, dispuesta a sorprender a la familia, y confeccioné un sencillo pero aparente menú.

Para picar decidí poner un poco lo de siempre: los míticos bols con queso, olivas, pistachos, ganchitos, tostaditas y poco más.

Luego serví un plato para cada adulto con lo siguiente: pastel de atún individual, canapés de pesto y mozarella, y tortitas de salmón.